Imagotipo, un teléfono descompuesto



Todos los que de una u otra manera nos involucramos en el mundo de la comunicación gráfica, en algún momento hemos escuchado, leído o usado el neologismo Imagotipo, para nombrar a una marca gráfica compuesta de un símbolo y un logotipo. Pero ¿nos hemos dado a la tarea de conocer su origen o cómo comenzó a popularizarse en el gremio del diseño gráfico, al punto que lo hemos casi vuelto una convención social y una herramienta para persuadir a nuestros clientes?

El primero en acuñar el término Imagotipo fue Norberto Chaves en su libro: La imagen Corporativa; afirma Luciano Cassisi de Foro Alfa. Y es aquí donde radica el problema del teléfono descompuesto, ya que Norberto Chaves lo usa para referirse al símbolo marcario y no para hablar de un logotipo acompañado de un símbolo, como comúnmente muchos académicos y diseñadores solemos o solíamos usarlo. Por otro lado, si tomamos como base la etimología de Imagotipo (Imago=imagen + tipo=golpe), también nos topamos con un error de asociación de términos, ya que si nombramos imagotipo a la unión de un logotipo con un símbolo, lo que etimológicamente estamos diciendo, no es símbolo-logotipo, sino imagen- golpe. Y esto último, es más ad hoc al renombramiento que Norberto Chaves hizo del símbolo marcario.

Por lo tanto, si partimos de la génesis de la palabra Imagotipo, arrastramos un error de interpretación, que “alguien” tomó y lo publicó al punto que lo recibimos y adoptamos sin percatarnos que el autor original no dijo lo que nosotros afirmamos, según describe Luciano Cassisi. Y de igual forma, si argumentamos a partir de la etimología de la palabra, caemos un error del lenguaje, interfiriendo así el canal de comunicación: diseñador - cliente - usuario, al confundir a la audiencia con terminología errónea. Aunado a esto, si nuestra intención es evitar que el cliente llame “logo” a todo símbolo, palabra o signo marcario, y con ello justificamos una clasificación tipológica, tampoco podemos usar Imagotipo como categoría sustituto de símbolo, ya que esto solo suma a la confusión, por el par de razones antes descritas.

Así como el juego del teléfono descompuesto parte de una palabra lógica y razonable que emite un locutor a un interlocutor en una cadena poco fiable, sujeta a interpretación subjetiva, en el rubro de la comunicación visual también hemos usado un error de término entre nosotros, sin preguntar al autor principal o sin ir a las fuentes del lenguaje para cuestionar si nuestra terminología aporta o pone obstáculos a la profesión. Sin este ejercicio necesario, hacemos lo que comúnmente se conoce como “darnos un balazo en el pie”. Nosotros que trabajamos a favor de un correcto lenguaje visual, no confundamos con nuestro incorrecto lenguaje verbal.

Sin ánimo de desanimar a mis colegas, sino todo lo contrario, un término más adecuado para nombrar a la unión de símbolo y logotipo es, como su nombre lo dice, Logosímbolo. Y si alguien se apega a la palabra imagotipo porque fonéticamente le parece mejor, que la use y lo haga correctamente para referir al símbolo, aunque yo diría, esta última es mejor. Con ello aplicamos correctamente la intención del autor del término, aplicamos bien la definición etimológica, la correcta clasificación tipológica y ayudamos a nuestros clientes y usuarios a un mejor entendimiento de nuestros mensajes visuales, además de favorecer el desarrollo y posicionamiento de la profesión.

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