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El reto
Toda gran institución llega a un punto donde debe decidir entre quedarse en su zona de confort o evolucionar. Nuestro cliente, una de las entidades financieras más emblemáticas de la bolsa de valores, se enfrentaba a un desafío crucial: el relevo generacional.

Se acercaron a nosotros con una necesidad latente: querían hablarle a los jóvenes. Su principal dolor era una barrera invisible pero muy fuerte; la percepción pública dictaba que invertir en la bolsa era un "club exclusivo" solo para personas con grandes fortunas. El reto no era solo cambiar un logotipo, era cambiar una mentalidad. Necesitaban una identidad visual que transmitiera accesibilidad y frescura, sin sacrificar la confianza y autoridad que los respaldaba.
La solución
Cuando nos enfrentamos a una marca con tanto peso histórico, la primera tentación suele ser borrar todo y empezar de cero. Sin embargo, nos dimos cuenta de que su historia era su mayor activo; no podíamos, ni debíamos, omitirla. La solución no era destruir, sino revitalizar.







La inspiración
La monumentalidad arquitectónica: El edificio sede no solo era un lugar de trabajo, era un símbolo de solidez. Las formas, la geometría de sus interiores y la estructura de sus fachadas nos inspiraron a crear una línea gráfica basada en la "arquitectura financiera", sólida pero conectada.
El respeto por el emblema: El diseño original de su logotipo era excepcional y ya vivía en la mente del público. Nos inspiramos en sus trazos fundacionales para deconstruirlo de forma inteligente, dándole nuevos usos (como patrones y marcos) sin perder su alma.
El impulso de la democratización: Nos inspiró el propósito mismo del proyecto: la idea de que la educación y la libertad financiera deben ser para todos. Esa energía nos guio para ampliar su paleta de colores con nuevos y vibrantes tonos, creando una marca que ya no se siente inalcanzable, sino que te invita a entrar.

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